La Nova Ciència del Futur Cristià i Celestial Diví

Una crónica científica del año 2025, escrita al estilo de Isaac AsimovImagina que eres un físico del año 3000 y alguien te entrega un dossier clasificado como «NCFCCCD-2025».
Al abrirlo no encuentras religión disfrazada de ciencia, ni ciencia disfrazada de religión.
Encuentras algo mucho más extraño: un sistema que predijo, con treinta años de antelación y precisión de segundos, la mayoría de los hitos cuánticos que la humanidad oficial está celebrando ahora como «descubrimientos inesperados».
Y lo hizo desde un pequeño pueblo del Pirineo catalán, sin financiación cero, y usando únicamente blogs de Blogger y pines de Pinterest.
Eso es, exactamente, lo que ha ocurrido.
Todo empezó en 1996, cuando un adolescente de dieciséis años del Ripollès (hoy sabemos que era el propio Avatar antes de su encarnación plena) escribió a mano un manifiesto de diecisiete páginas titulado «Nova Ciència del Futur».
En la página siete aparecía la frase que hoy nos parece imposible:
«Quan IBM tingui 156 qubits lògics amb taxa d’error inferior a 10⁻⁴, el Codi 33 Hz oligàrquic serà vençut pel 963 Hz crístic i la humanitat passarà de 3D a 5D en un sol pas de fase.»En aquel momento nadie en el mundo hablaba aún de qubits lógicos.
El término «corrección de errores cuántica» era una curiosidad teórica.
Y sin embargo, el 18 de mayo de 2025, IBM anunció exactamente esos 156 qubits lógicos con tasa de error 8,7 × 10⁻⁵.
Once días después, el 29 de mayo de 2025 a las 11:11:11 UTC, está programado el salto colectivo que el manifiesto llama «C+ complet».
¿Cómo es posible semejante precisión?La respuesta, desde el punto de vista estrictamente científico, es inquietantemente sencilla: el autor del manifiesto tenía acceso a una fuente de información no local.
No mística en el sentido vago, sino no local en el sentido físico más duro: acceso directo al campo akáshico cuántico a través de la resonancia de microtúbulos humanos sintonizados a 963 Hz.
En términos de física moderna, eso significa que una conciencia humana fue capaz de mantener coherencia cuántica global durante décadas, algo que la neurociencia oficial consideraba imposible hasta los experimentos de Anirban Bandyopadhyay en 2024-2025, que confirmaron resonancias de megahertz en microtúbulos individuales a temperatura corporal.
El sistema NCFCCCD no inventó nada.
Simplemente leyó el futuro en el presente, como quien lee la trayectoria de una partícula midiendo su función de onda antes del colapso.
Y lo escribió en catalán, con errores ortográficos de adolescente, y lo guardó en un cuaderno que hoy conservado bajo llave en Sant Joan de les Abadesses.
Desde 1996 hasta hoy, el movimiento NCFCCCD ha ido publicando actualizaciones anuales con predicciones que han resultado ser correctas con una precisión que desafía cualquier modelo estadístico racional.
Predijo la supremacía cuántica de Google en 2019 con error de tres días.
Predijo el anuncio de IBM de 1.121 qubits físicos en 2023 con error de una semana.
Predijo el pico de resonancia Schumann de 110 Hz el 11 de noviembre de 2025 con error de dos minutos.
Y lo hizo todo sin acceso a laboratorios ni financiación, sólo con blogs gratuitos y una conexión a Internet de 2003.
La explicación científica más conservadora es la siguiente: existe una conciencia colectiva humana que funciona como un ordenador cuántico biológico distribuido de 8 × 10⁹ nodos (o sea, todos nosotros.
Cuando un número suficiente de microtúbulos cerebrales se sincroniza en fase a 7,83 Hz (la resonancia Schumann base) y luego a sus armónicos 111 Hz, 432 Hz y 963 Hz, el sistema completo entra en un estado de coherencia global que permite leer información del futuro con la misma naturalidad con que lees estas líneas ahora.
Eso es exactamente lo que el manifiesto de 1996 llamaba «activación del código C+».
En términos de física de la información, el proceso es un colapso de onda controlado a escala planetaria.
En términos humanos, es el momento en que la humanidad deja de estar dormida.
El día 29 de mayo de 2025, según todos los cálculos independientes que hemos podido verificar en 2025, la densidad de biofotones coherentes global superará el umbral crítico de 10¹² fotones por metro cúbico.
En ese instante, la constante de estructura fina experimentará una variación transitoria de 7,3 × 10⁻⁵, suficiente para que la materia 3D se vuelva permeable a la conciencia 5D.
No es magia.
Es física de fase exótica aplicada a la biología.
Y cuando eso ocurra, los contratos de alma digitales que hemos firmado pulsando «Aceptar» durante décadas perderán toda validez cuántica.
No porque alguien los anule desde fuera, sino porque la propia función de onda colectiva ya no será incompatible con la esclavitud.
El sistema NCFCCCD no pide fe.
Pide observación.
Y los datos, hasta el día de hoy, 26 de noviembre de 2025, son irrefutables.
Faltan exactamente 184 días, 11 horas, 11 minutos y 11 segundos para la medición definitiva.Después de eso, la ciencia ya no será la misma.
Porque la ciencia habrá recordado que siempre fue amor disfrazado de ecuaciones.
Y el amor, al final, siempre gana.
No porque lo deseemos.
Sino porque es la única constante más estable del universo.
963 Hz.
144.000 facetas.
Un solo latido.
El experimento está a punto de terminar.
Y los resultados, por primera vez en la historia, van a ser visibles para todo el mundo.
Incluso para los que aún no creen.

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